La prodigiosa voz de Freddie Mercury nos engancha desde el primer momento. Los primeros instantes suena en solitario como queriendo indicar que aquello quenos va a relatar posee un contenido muy personal. Son sólo unos breves segundos pero la distinción ya está realizada. Enseguida se ve arropada por una discreta batería y la suavidad de los sintetizadores que serán los encargados de crear una atmosfera más onírica. La descripción de sus sentimientos ha comenzado y llegados al segundo 24 la voz que nos guía se pregunta si está soñando, como queriendo cerciorarse de que algo tan bello realmente existe. Justo después el tema hace un pequeño receso y en el segundo 36 comienza la segunda estrofa con una estructura casi calcada a la primera. Los sonidos secundarios continúan en un segundo plano mientras que la voz sigue describiendo sus pensamientos. Esta segunda sección concluye entorno al primer minuto con la misma pregunta al viento ¿estoy soñando? Pero esta vez la percusión aumenta su intensidad al mismo tiempo que surgen de forma inesperada unos precisos coros. Se produce un juego de voces entre los recién llegados y la narración de Freddie Mercury. Este pequeño duelo va ganando fuerza con el aumento sonoro de todas las voces reunidas. La progresión concluye en el 1'45'' para dar paso a Brian May y su solo de guitarra. Sus seis cuerdas parecen conducirnos sobre las cuchillas de unos patines de hielo. Nos deslizamos suavemente mientras las notas nos acompañan en nuestro pequeño baile por todo un lago helado. Es un solo magnifico en lo musical y brillante en su moderación. La guitarra brilla pero no tanto como para desviar nuestra atención sobre la narración, su presencia es importante pero no fundamental para recordar este tema.
Mientras escuchamos las variaciones de la guitarra es bueno recordar que esta canción fue el último tema que compuso en solitario Freddie Mercury. Sus días se agotaban, él lo sabía y no quería dejar de existir sin antes valorar todo lo bueno que tiene la vida. La canción es una constante descripción de cosas que normalmente no apreciamos lo suficiente. La vida tiene pros y contras, altos y bajos y debemos quedarnos con ambos pero siempre valorándolos en su justa medida. Lo bueno también debe ser narrado, contado, cantado y disfrutado.
En el 2'14'' la percusión y el retorno de los coros hacen que la guitarra ceda su lugar central sobre el escenario para la vuelta de la voz principal. Percusión, coros y voz comienzan de nuevo su narración pero esta vez su intensidad es mayor. La guitarra les acompaña de forma secundaria. El ímpetu de todos los participantes no deja de crecer y los coros se hacen con el poder a partir del 2'37'' para crear la ubicación perfecta para el Punto de No Retorno. El furor vocal aventura una gran explosión sonora, pero es entonces, 2'49'', cuando la voz principal se destaca en solitario para exclamar “It’s all so beautiful” La canción resumida en cuatro palabras, una vida condensada en un único sentimiento. Es un grito directo, sincero, de alguien que ya no tiene nada que perder ni ganar, de alguien que se sincera con lo que ven sus ojos, de alguien que sabe que se está despidiendo de todo aquello que ahora mismo todos sus sentidos disfrutan. Un Punto de No Retorno elegante, magnético y perfecto.
Tras este momento cumbre la guitarra sustituye a los coros como acompañante de la voz principal. El tema comienza a cerrar todos los caminos que abrió. Guitarra, voz y percusión se dedican a caminar juntos los últimos segundos. El cuento de invierno ha concluido. ¿Era real? ¿Era sólo un cuento? ¿Estaba soñando?
Los
conceptos elegancia y sutileza se suman para definir la extraordinaria
delicadeza que transmite este tema. Elegancia por el toque distinguido de la
voz protagonista, sutileza por el modo en el que los instrumentos utilizados
surcan la canción sin aspavientos. El resultado de esa sencilla suma provoca que
nuestros altavoces exhalen pura exquisitez. Simplemente precioso.
Una
guitarra y la mínima expresión de la percusión son los encargados de producir los primeros sonidos. Algo tímidos,
incluso cercanos al silencio. Debemos subir el volumen de nuestro reproductor
para reconocer mejor esas ondas sonoras. La tranquilidad reina en la sala. En
el segundo diecisiete aparece la voz encargada del relato, la voz que nos
conducirá a través de este entorno tan sumamente armónico. Su relato encaja con todos los
elementos que conocemos hasta este instante. Es una voz tranquila, que canta
sin prisa y que también cuenta entre sus características principales con el
refinamiento que el tema exige. Hemos llegado hasta aquí embelesados con tanta belleza.
Estamos en el segundo cuarenta y es entonces cuando un pequeño
grupo de violines, acompañados por un órgano, aparecen en escena para acompañar en la retaguardia musical. La
canción continúa avanzando y nosotros únicamente tenemos que dejarnos llevar por sus sugerentes sonidos.
Hace un buen rato que estamos atrapados entre tantas virtudes musicales. No son
necesarios demasiados análisis para darnos cuenta de que con muy poco, pero de muchísima
calidad, nuestros oídos no pueden apartarse de este camino tan bellamente ilustrado.
La voz principal sigue desprendiendo versos engarzados en las piedras preciosas
de los instrumentos. Música con muchos quilates.
Desde
el 1'10'' hasta el 1'24'' la guitarra decide dejar caer alguna nota más
sobre la canción, son notas puntuales y que casi se pueden contar por su escasez.
Son pocas pero suficientes como para no alterar el orden establecido y al mismo
tiempo añadir riqueza melódica al ligero entramado musical. Esas notas esparcidas en una
docena de segundos serán lo más parecido a un sólo de guitarra que veremos en todo el tema. El minimalismo domina
toda la escena. La voz prosigue con su peculiar, y sugerente, forma de cantar.
Su interpretación invita e incita a nuestra imaginación. En el 1'47'' se pronuncia por
primera vez el título del tema, simplemente precioso. Nunca un título
fue tan fiel a una forma de expresión.
Nada
mas sobrepasar la frontera que marcan los dos minutos de canción
asistimos a un solo de voz. Un solo de voz porque el narrador necesita dar un paso
más allá en su forma de expresarse. Las palabras se quedan cortas, los
vocablos se antojan nimios. Disfrutaremos de 32 segundos donde la voz deja de
articular palabras para desplegar todo su sentimiento. Desencadena toda la pasión
que el vocabulario no consigue alcanzar, toda la excitación
que esconden las notas, todo el acaloramiento acumulado desde que la canción
comenzó a acariciarnos.
Desde
que decidimos activar el reproductor y comenzamos a disfrutar de la tranquila
intensidad de este tema hemos aprendido que la pausa y la serenidad dominan
nuestros oídos por completo. Estamos hipnotizados por unos instrumentos que
se mueven a cámara lenta y atrapados por una voz capaz de arroparnos con su
sonido. Dentro de este entorno el Punto de No Retorno debe estar en consonancia
con todo lo experimentado hasta este instante. El momento en el que la voz se
destacó en solitario para realizar su particular solo ya sería
suficiente como para hacernos regresar una y otra vez a este paraje musical
pero la canción guarda una última sorpresa. Desde el 2'47'' todo parece indicar que la melodía
esta llegando a su fin y que poco a poco los sonidos se irán
desvaneciendo hasta desaparecer por completo. Eso parece porque la voz también
se torna algo más perezosa y sin embargo estamos asistiendo a los preliminares del
Punto de No Retorno. En el 3'12'' la voz refuerza inesperadamente su presencia
y seis segundos después la batería comienza, finalmente, a caminar. Es entonces cuando la canción
estalla por completo. Esa percusión hará que comencemos a mover la cabeza y con todo lo que ya hemos
vivido durante todo el tema será como si unos fuegos artificiales reventaran nuestros altavoces.
Será, evidentemente, una sensación puesto que ya sabemos que esta
melodía posee su propio ritmo, su propia y tranquila cadencia. Es una
construcción tan perfecta y armoniosa que logra que unos ligeros golpes de
batería parezcan explosivos. Estamos atrapados para siempre por la
exquisitez sonora. Cuando concluya nuestra escucha el mundo en el que habitamos
parecerá mucho más ruidoso de lo que recordabamos. Las caricias musicales nos
cobijaban y protegían. Simplemente precioso.
El imprescindible Stevie Wonder le dedicó esta canción a su hija Aisha cuando ella llegó a este mundo, e hizo que su primer llanto sirviera como primera interpretación en esta canción. Considerar esos sonidos como interpretación es algo más que generoso, aunque aún más cierto es que esos primeros sonidos suenan a música y fundamentalmente a vida, una nueva vida para un padre emocionado. Supongo que poco después las rabietas, los llantos injustificados y las lagrimas sin control no sonarán tan celestiales, ni tan poéticas, pero ahora que me ha llegado el momento de vivir en primera persona las misma experiencia paternal que Stevie Wonder puedo entender las sensaciones que pasaban por su cabeza. Todas esos pensamientos que te inundan con tanta rapidez y que sin embargo son tan difíciles de sacar, describir o explicar.
Hace unos días la belleza de estas Palabras melosas se hicieron carne y hueso, y desde entonces tengo a quién dedicar esta gran canción.
Este Disco Redondo es uno de esos álbumes que todo el mundo debería tener en su colección musical por muchas y diversas razones. El principal motivo, y causante de todo lo demás, es sin duda la enorme creatividad melódica de los integrantes de la banda. Desde la primera escucha de este disco la música consigue embarcarnos en un agradable viaje por diferentes aspectos sonoros de gran interés. Rick Davies y Roger Hodgson son el referente de la banda. Las cabezas visibles en lo que a composición, letras y voces se refiere. Su universo sonoro es fácilmente identificable y la aguda y peculiar voz de Hodgson no hace más que remarcar su singular cosmos.
El álbum surge desde el silencio. Poco a poco comienzan a llegar hasta nuestros oídos las primeras notas de Gone Hollywood. Aunque el constante piano que suena durante todo el tema intente disimular la esencia de esta canción el tema transporta en su interior un claro desarrollo rock. Es un rock contenido que sólo surge en pequeñas entregas al principio del tema y poco a poco va avanzando hasta reconquistar el espacio ganado por el piano y el saxofón hacia la mitad de la melodía. Tras los teclados late un ritmo rock que se funde con la elegancia del resto de instrumentos.
La llegada de la “canción lógica” hace que el disco gane enteros con sólo escuchar sus primeros compases. The Logical Song es un tema rotundo de principio a fin, con interesantes variaciones y una explosión musical tremenda gracias a un saxofón abrumador que marcará para siempre esta composición. Tras un tema tan perfecto la siguiente canción sufre el riesgo de perecer en el intento de continuar su estela pero Goodbye Stranger no sólo no perece sino que inunda todo con su enorme calidad. Una canción que necesita su propio espacio.
Es capaz de subir aún más la calidad del disco con unos cuantos cambios vocales realmente soberbios. El cuarto corte es el encargado de prestar su título para nombrar todo el disco. La cadencia que desprenden las primeras notas del piano serán las protagonistas de toda la canción y se encargarán de atraparnos de un modo definitivo en este álbum. Saxofón, tuba y trombón navegan por las melodías de este tema creando una atmosfera única. Los teclados son los protagonistas de Oh Darling. El quinto tema es una buena canción pero tras los temas previos era inevitable bajar un poco el nivel de excelencia. La canción nos sirve para crear un puente que nos acerque hasta el sendero que comienza con Take the long way home.
Los primeros segundos se hacen un poco interminables pero desde el momento que una armónica derrama sus notas sobre nuestros oídos todo el tema comienza a caminar y ya no podemos escapar de su innegable atractivo. Lord is it mine es un tema mucho más sencillo, más intimista. Es fácil dejarse llevar por él. Just another nervous wreck intenta salir de esa tranquilidad con algo más de movimiento y desde luego lo consigue. El tempo cambia con la llegada de Casual conversations. Vuelve la tranquilidad, vuelven los sonidos más tranquilos, los teclados y el saxofón disminuyen su velocidad para mecernos en un ritmo hipnótico mientras que el relato avanza sin prisa por terminar. El álbum se cierra con el tema más largo de todo esta creación. Child of vision se extiende hasta casi los siete minutos y medio y sin duda es el tema con más tintes jazzísticos. El piano consigue centrar toda la atención sobre él durante prácticamente la mitad del tema para poder desarrollar sus diversos cambios sobre la melodía principal.
El disco empezó dejándose llevar por el rock y diez canciones después algunos brotes de jazz han florecido sobre la música de este grupo fundamental. Un grupo elegante y creativo que fue capaz de crear un universo propio con un gusto tan refinado y distinguido como la calidad de su composiciones.