martes, 7 de febrero de 2012

Una canción dentro de otra


The Killers - All these things that I've done

 

Una aguda nota repetida en el aire nos recibe para hacer llegar hasta nosotros los primeros sonidos. Es una  nota reincidente y constante, como si fuese el sonido extraido de la máquina encargada de transmitir la estabilidad de nuestras constantes vitales. No es mucho, pero si lo suficiente como para ponernos en marcha. En el segundo nueve todo el entorno cambia. Llegan al mismo tiempo un piano, un órgano y la voz principal del tema. El ambiente parece llevarnos al interior de una iglesia, las notas del órgano y la reverberación sonora logran ese efecto en tan poco tiempo. En el segundo 36 llega la batería y el grupo deja de jugar con nuestros sentidos y nuestras percepciones. Es el momento de comenzar a desarrollar la canción de una vez. Segundo 42 y las guitarras suben al escenario y nace la melodía. En todo momento la voz protagonista presenta una impostura algo metálica. Su sonido es nítido pero esa modificación es constante.

Nada más cruzar el umbral del primer minuto la narración se convierte en algo mucho más estable, mucho más certera en su forma de llegar hasta nosotros. Todos los elementos ya están en la escena y la canción puede conquistar sin problemas el espacio sonoro que necesite. Es una buena canción, sin grandes momentos pero bien construida e incluso algo pegadiza. Todavía le falta magia, todavía necesita crecer mucho más para instalarse en nuestra memoria, para hacernos subir el volumen cada vez que nos la volvamos a encontrar.




En el 1'30'' llega algo parecido a un estribillo. El título de la canción no aparece en ningún momento pero la repetición de una misma idea nos hace sentir cómodos como si de un estribillo se tratara. La música mejora y nos hace conectar mejor con las ideas expuestas hasta este momento. Tras una nueva estrofa, en el 2'04'' vuelve a surgir ese pseudoestribillo y mantendrá nuestra atención ocupada hasta que en el 2'27'' las cuerdas de una solitaria guitarra comiencen a marcar las notas que darán paso a un Punto de No Retorno impresionante. "I got soul, but I'm not a soldier", tengo alma pero no soy un soldado. Esa es la idea que se repetirá diez veces para hacer de este tema algo inolvidable, esa es la frase que logrará que nos quedemos enganchados para siempre entre esas palabras. Es un Punto de No Retorno capaz de detonar todo el tema y hacer que la canción obtenga esa chispa que le faltaba para engrosar la música de nuestra memoria. No es un estribillo, no es algo que vuelva a aparecer en los segundos restantes pero provoca que nuestra próxima escucha este condicionada y deseosa de encontrar de nuevo esas palabras. Tiene tanto poder que parece una nueva canción hallada en el interior del tema que estabamos escuchando. Cada una de las diez veces que se repite esa frase aporta algo nuevo a la canción, algo hasta ahora inexistente. Más contundencia, menos sonidos metálicos, voces más directas sin reverberación, coros, voces negras capaces de colorear el alma, el soul, del tema. Estamos atrapados, ha sido por sorpresa y con unos elementos sonoros totalmente inesperados.

Tras ese climax la música continúa pero en nuestra memoria permanece el martilleo vocal. El tema prosigue embarcado en la fiesta que se produjo tras ese punto de inflexión. Las guitarras y la percusión se han hecho dueñas de la escena y la voz se limita a seguirlas en este adecuado broche musical. Sólo nos queda una cosa por escuchar, algo que hasta ahora nuestros oídos no conocían, el título de la canción. Es ahora cuando el tema comienza a desvanecerse cuando aparecerá. Será prácticamente la despedida de la voz protagonista. En el 4'10'' se produce un ligero silencio para poder escuchar todas esas cosas que he hecho. El tema se da por concluido y en nuestro recuerdo ya se ha quedado para siempre el poso de unas palabras repetidas una y otra vez. La canción escondida dentro de otra canción. 

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